El telar ancestral continua tramando historias en traslasierras

Ángel comparte sus experiencias y sus saberes en el tejido con técnicas originarias.

Telar de Cintura

Paciencia y creatividad es lo que caracteriza al trabajo del telar ancestral.

Por Córdoba Originaria

Fotos: Colectivo Manifiesto

El telar es una práctica humana milenaria utilizada para los tejidos. Nacen de las manos de lxs tejedorxs imágenes, bordes y figuras que expresan la memoria, la simbología y la cosmovisión de los pueblos. En ese rescate se encuentra el diaguita calchaquí Ángel Chocobar, tejedor de la localidad de La Ramada, una pequeña población serrana en el suroeste de la provincia de Córdoba.

Todos los días, abrazado por el monte y rodeado por sus gallinas, conejos y perros, el maestro del telar cultiva el arte del tejido. Y dos veces a la semana dicta un taller de telar artesanal en una biblioteca de la localidad de Piedra Blanca, a cuatro kilómetros de Villa de Merlo y a dos kilómetros de un conocido algarrobo blanco con más de 800 años.

Urdiendo las raíces

La casa de Ángel está ubicada a metros de la ruta provincial 14, al límite con la provincia de San Luis. Su vivienda es un clásico rancho construido a base de ladrillo y adobe. En la parte delantera del terreno se encuentra un solar con un cartel que reza: “este solar pertenece a la flia Becerra afincados desde el 1.800 en la zona. La edificación cuenta con 150 años, construida en adobe, cañizo y paja”.

Con una ronda de mates de por medio, Ángel nos cuenta que conoce diferentes técnicas de telar ancestral (diaguita, mapuche, pampa, entre otras) y que en los últimos años dedicó gran parte de su tiempo a investigar y poder reconstruir la técnica y la trama del pueblo comechingón.

– Sabemos que desde la localidad serrana de La Paz hasta Villa de Merlo se lo conoce por su trabajo y dedicación. ¿Podría contarnos cómo nace en usted este amor por el telar

– La práctica del tejido ancestral me surge como una necesidad natural. Por ese entonces yo vivía en Villa La Angostura, en la cordillera, y descubro que tenía la facilidad de poder dedicarme al tejido. Si bien cuando comienzo a tejer lo tomaba como algo recreativo descubro que todo lo que yo veía me resultaba familiar. Es decir, me surgía naturalmente la forma de tejer. Recuerdo que en ese momento mi profesora de telar mapuche me dijo ‘vos me mentiste” y yo le respondí ‘¿por qué?” “porque no es común que alguien que dice que nunca ha tejido en un mes esté tejiendo como si lo hubiera hecho toda la vida”, entonces yo sorprendido le dije “no, no te mentí porque yo nunca tejí”.

9A partir de esta inquietud, Ángel nos comenta que decidió volver a su Tucumán natal para encontrar respuestas a lo que estaba sintiendo. “Yo era un simple empleado público, era un sanitarista que ignoraba su lado originario y nunca le había dado importancia a mi apellido. A partir de ahí es que me pongo a investigar sobre mis orígenes. Cuando descubro que mis abuelxs eran directamente de Amaicha del Valle, de la zona de Zazo me doy cuenta que yo podía tejer porque todxs mis ancestros eran tejedorxs. Entonces empieza a crecer en mí la importancia de saber que tengo sangre originaria y valorar esta facilidad que tengo por el tejido”, dice.

– ¿Este reencuentro con sus orígenes también definió sus estudios por el telar?

– La inquietud me llevó a estudiar en la escuela amauta de mi pueblo y luego ingresé a la escuela Aurora de Santa María para cursar la tecnicatura en artes visuales. Mi actividad en ese momento era viajar a diferentes lugares, lograr que la gente tome la práctica de la textilería y regresar a Tucumán. Por eso es que yo llego a Merlo.

– Sin embargo decide radicarse en las sierras.

– Sí, vine a participar de un taller de telar y cuando finalizó tomé la decisión de radicarme en Córdoba, continuar con mi vida en este lugar. Luego, en Merlo comienzo a investigar sobre el telar de cintura que era propiamente el telar de la cultura comechingón y con el tiempo se me abre la posibilidad de dar un taller de telar artesanal dos veces a la semana en la biblioteca de Piedra Blanca.

– ¿Cómo comienza su investigación sobre la técnica de tejido de lxs comechingonxs?

– En la localidad de Merlo se estaba haciendo un trabajo bastante serio sobre la cultura originaria. La gente que estaba al frente de esto logran a través de algunas literaturas conseguir información sobre la textilería del telar de cintura. Logramos tener una información completa de que el telar de cintura también se usaba acá como en el norte argentino, en Bolivia y en Perú. La diferencia es que allá las fibras son totalmente distintas, se utiliza mucha fibra fina, de algodón y de lino; en cambio acá la fibra es de Llama, mucho más rústica.

– Esta investigación le posibilita a usted tejer prendas utilizando la técnica del telar de cintura. ¿Cuál era la vestimenta que usaban lxs comechingonxs previo a la invasión europea?

– Lxs comechingonxs se vestían con una túnica o un Onkú de lana de llama, porque era el camélido que existía en la zona, sujetados con fajas, usaban vinchas largas, distintas a las de las otras culturas y siempre la iconografía fue incaica. No hay figuras antropomórficas, ni figuras de humanoides, nada de ese estilo como lo andino o lo mapuche, sino guardas como grecas, zigzags, rombos sencillos y simples. Además, las vestimentas no tenían flecos porque la zona es muy de arbustos espinudos y les hubieran impedido el desplazamiento. También, al ser cazadores y recolectores, los flecos en las prendas entorpecen el trabajo.

Para la actividad de la recolección de frutos, Ángel explica que lxs comechingonxs utilizaban un delantal por delante del Onkú: “ ellxs se vestían también con una prenda llamativa, un delantal con guardas geométricas, que no cumplía la función de taparrabo. Al dedicarse a la recolección de frutos, tanto el hombre como la mujer utilizaban en la parte delantera, por encima del Onkú, este delantal. Sin embargo, lo que no sabemos es si la prenda tenía bolsillos”, señala.

– ¿Qué colores utilizaban o predominaban al teñir?

– El/la comechingón/a usaba mucho los colores vivos como el rojo o el naranja en sus prendas. Lo extraían de sustancias naturales, de la cochinilla, de la grama… eran de ese color, bastante llamativos, especialmente la ropa de uso cotidiano de las mujeres.

– En distintos pueblos, como la cultura mapuche, el tejido es una actividad que realizan las mujeres. En el caso del pueblo comechingón, ¿quiénes se dedican a este trabajo?

– Dentro del pueblo comechingón al igual que en el pueblo mapuche y en el warpe, el tejido es trabajo de la mujer, una práctica cultural que se realiza en el ámbito familiar. Usted se preguntará entonces por qué yo tejo. Yo les conté que vengo del pueblo diaguita calchaquí y el tejido es una tarea diaria tanto del hombre como de la mujer. Sin embargo, hace unos años tuve la oportunidad de estar con una machi mapuche en la zona de Junín de los Andes, en las coloradas, y ella me dijo que si al tejido ancestral lo hacía para valorar y visibilizar la cultura del pueblo entonces podía seguir tejiendo. A partir de sus palabras considero que es una misión tener que transmitir estas técnicas ancestrales para que no se pierdan. Es mi obligación hacerlo.

– En ese sentido, usted siempre dice que más que enseñar, el telar se trata de despertar memorias.

– Así es. La memoria del telar está en la gente porque la mayoría te comenta que su abuela, madre, tía hilaba, siempre hay un pasado que se mantiene vivo, como la música, la pintura, la alfarería. Yo creo que el rescate de la identidad es lo más interesante que nos está pasando en este último tiempo porque mucha gente reconoce que lleva sangre originaria y debemos rescatar lo propio, la tierra. Cuando las comunidades reconocen que están pisando su propia tierra es lo más importante que se está logrando en el día de hoy. También valorar nuestros cultos ancestrales porque tienen que ver con defender y trabajar por el medio ambiente, por nuestra naturaleza.

– En relación a la importancia de este reconocimiento, ¿qué siente al saber que lxs comechingonxs estamos vivxs y que hay comunidades que se están reorganizando?

– Acá se negó la existencia de descendientes de comechingonxs. Sin embargo, el/la comechingón/a no ha sido exterminadx como dicen por muchos lados. Lo que yo entiendo es que se dispersó, como le sucedió a otras culturas, por ejemplo a lxs tehuelches. A su vez, a muchos les impusieron el apellido del patrón. Es importante ver, en Córdoba y en Merlo, gente y familias que reúnen esa condición, barbudos, de buena cabellera, a raíz de eso la vincha. Pero no se reconocen culturalmente porque todavía no lo saben. En nuestros talleres conversamos y varias veces llegamos entre todxs a un nivel que terminamos diciendo “Bueno, sí, sos originario/a”.

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Publicado el junio 29, 2014 en Comunidades de Córdoba, Noticias, Uncategorized y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Hermosa Nota!

  2. Rosana Armanno

    Angel: Un groso del telar, un groso como gente.

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